Mientras son niñitas algunos pueden considerar simpático y hasta cómico esta práctica. Pero estas niñitas crecerán y con mayor frecuencia se ven muchachitas que desprecian las muñecas y juegos de su edad para obsesionarse con su apariencia: se entretienen arreglándose el cabello, se preocupan por hacer dieta y tienen como objetivo lograr la admiración de los chicos.

Tweens: la meta de cada comercio

La demográfica que en los Estados Unidos se les denomina ‘tween’ es aquella entre los ocho y 12 años, uno de los grupos favoritos de los mercados de ropa, accesorios y aparatos electrónicos (Un estudio de 2003 reveló que los pre adolescentes gastaron unos $39 billones en estas categorías).

En esas edades las nenas son fácilmente impresionables y entre el bombardeo de imágenes en la televisión, películas, revistas e Internet y, por supuesto, la presión de grupo, el reto de prolongar la niñez puede ser mayor.

Estas actitudes son reconocidas por el comercio que no pasa la oportunidad de capitalizar en esta tendencia de precocidad. Por tal motivo en las tiendas proliferan las minis, los pantaloncitos o hot pants, escotes y hasta ropa interior hilo dental en tamaños pequeños, la selección de vestimenta para las niñas puede estar limitada para las que quieren lucir, pues, como niñas.

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Niñas que se sienten adultas
Entre las influencias mediáticas está el fenómeno de Disney 'Hannah Montana', que ha agotado los boletos para sus conciertos y cuyas ventas de mercadotecnia son millonarias. Las fanáticas del personaje luego ven a la jovencita de 15 que la interpreta, Miley Cyrus, posando de manera sugestiva con ropa ligera y retorciéndose en el escenario a lo Madonna de los 80, lo que refuerza la creencia de que al ser sexy se puede conquistar la fama y la riqueza.
AP

Niñas que se sienten adultas

    Se ven en cualquier centro comercial. Con sus labios pintados de brillo, camisas que muestran la barriguita, jeans ceñidos y cargando celular. No nos referimos a jóvenes universitarias ni a mujeres, sino a niñas. Las niñas que desde que comienzan a caminar las visten con diminutas faldas y tops con lentejuelas. Las que reciben juegos de tocador para "practicar" a maquillarse, taconcitos y se pegan uñas postizas.

    Tal vez las madres visten a sus niñas con micro minis y blusitas pensando que no hay nada malo con eso, nadie las puede tratar como objetos sexuales, que pervertido es quien pueda ver alguna maldad en algo tan inocente. Tal vez quieren verse en sus hijas con la ropa que no pueden lucir o que nunca les permitieron llevar. Cuando vemos a una niñita con atuendos no apropiados para su edad, sabemos que tras esa facha están sus padres, porque aún no tienen la potestad de elegir.

    Entre las influencias mediáticas está el fenómeno de Disney 'Hannah Montana', que ha agotado los boletos para sus conciertos y cuyas ventas de mercadotecnia son millonarias. Las fanáticas del personaje luego ven a la jovencita de 15 que la interpreta, Miley Cyrus, posando de manera sugestiva con ropa ligera y retorciéndose en el escenario a lo Madonna de los 80, lo que refuerza la creencia de que al ser sexy se puede conquistar la fama y la riqueza.

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    Algunos padres razonan que es lo que está a la moda o que prefieren permitirles vestir lo que deseen a que lo hagan a sus espaldas. Otros piensan que la vestimenta provocativa las ayuda a crear una mejor imagen de sí mismas. Pero permitirles saltar etapas, especialmente la niñez, podría impactar de manera negativa el resto de sus vidas.

    Estudios han comprobado que las estudiantes universitarias distraídas por la preocupación que les provoca su apariencia no se desempeñan bien en los exámenes. Expertos aseguran que en nuestra sociedad "lucir bien" está estrechamente ligado a ser sexy. También concluyen que esta precocidad en las muchachitas está ligada a desórdenes alimenticios, baja autoestima y depresión.

    Las madres que visten a sus niñas con ropa provocativa -hasta algunos mesurados jeans pueden llevar las frases "Baby" o "Bad Girl" impresas en el trasero- están en riesgo de criar adolescentes y jovencitas cuya única prioridad sea lucir bien para el sexo opuesto, que se convertirán en mujeres inseguras y de baja autoestima, que buscarán la aprobación de los hombres para sentir valía. Lo que ahora parece un juego inocente, podría tener una repercusión para toda la vida.



Estableciendo parámetros

Lo cierto es que las niñas y ‘tweens’, por lo general, no generan ingresos fuera de su mesada y regalos. También suele ser complicado para ellas ir al centro comercial y comprar prendas no apropiadas para su edad. Por lo que los padres tienen que asumir responsabilidad y saber establecer límites.

Estudios han comprobado que las estudiantes universitarias distraídas por la preocupación que les provoca su apariencia no se desempeñan bien en los exámenes. Expertos aseguran que en nuestra sociedad “lucir bien” está estrechamente ligado a ser sexy. También concluyen que esta precocidad en las muchachitas está ligada a desórdenes alimenticios, baja autoestima y depresión. Algunos hacen responsable esta tendencia a actividad sexual temprana en la adolescencia y hasta las relaciones impropias entre maestros y estudiantes que tantos titulares han ocupado recientemente.