Siempre siento que alguien me está mirando cuando llevo puesto mi sombrero de madrastra. Y es a la vez bueno y malo. Mi rol como madrastra ha venido con muchas obligaciones. Como mi esposo es responsable de no sólo mantener nuestro hogar, sino el de la ex, paso mucho tiempo con los niños. Todas sus maestras y coaches me conocen. Recibo quejas, me dan mensajes y hasta me consultan asuntos que a veces pienso son exclusivos del padre. Es un rol que he asumido con entusiasmo y con extrema paranoia ...
Las raíces de esta persecución son variadas. Por un lado, el título de madrastra es suficiente para inspirar desconfianza en los círculos en los que nos movemos. La madre biológica de un niño le suelta tres gritos por su mal comportamiento cuando la maestra le da quejas y está en todo su derecho. Si la madrastra reacciona de la misma manera, de seguro alguien toma nota en alguna parte.
Pero la fuente principal de paranoia es la ex. Lidiar con ella no ha sido fácil, aunque jamás hemos cruzado palabra. Cuando conocí a mi esposo, no era raro que ella lo sometiera a chantajes siempre con la amenaza de no ver a los niños. Por supuesto, hay un acuerdo legal y se arriesga a meterse en verdaderos líos y, aunque nunca cumplió, siempre es un mal rato. Todavía tiemblo cuando mi esposo recibe un email o texto fuera de hora, temo que sea la gallina turuleca con alguna exigencia o cambio de parecer.>> ¿Te ha pasado?
Puedo comprender la preocupación de la madre de que otra mujer se involucre con sus hijos, la duda si los niños están bien cuidados y hasta que sienta celos. No sé si mi nombre comenzó a mencionarse más en su casa o qué la motivó, pero llegó a acusarme de haberle dado nalgadas al nene chiquito, con una supuesta confirmación del nene grande. De esto no me enteré hasta meses después de que le hizo la vida de cuadritos a mi pobre marido con amenazas de acusarme con la policía. ¿Alguna vez llamó a las autoridades? Por supuesto que no. ¿Provocó que a mi esposo le salieran más canas? Lo podría llamar, a lo Celia, "Cabecita de Algodón".
Mientras que no me cohibo de tomar las riendas cuando el padre no está, ya sea con medidas disciplinarias o en la toma de decisiones, mido cada palabra que sale de mi boquita por temor a ser mal interpretada. Me muero si algo que yo haga o diga le cueste a mi esposo su tiempo con sus hijos. Hasta el momento, he tenido la suerte de que caídas y golpes no han sucedido bajo mi vigilancia porque por muy inquietos que son los niños, estoy segura de que de alguna forma sería la responsable.
Tengo todas y cada una de las responsabilidades, pero cero del poder. Por eso vigilo cada palabra y cada movimiento, no quisiera darle a Turuleca más razones para la campaña de difamación que me tiene montada y sus esfuerzos por provocarle una úlcera a mi esposo. Sin duda, Turuleca ha sido el mayor reto en mi carrera como madrastra y, repito, jamás hemos cruzado palabra (aunque he visto unos mensajes de texto que apuntan a cierto desbalance mental).
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MER 05/25/10 @ 12:17PM
Cuando decidiste llevarte el combo agrandado, sabías los pros y contras. Sé de tu entrega y dedicación, considero que lo estás haciendo muy bien. Da mucho amor, comprensión y una buena comunicación. Echa a un lado a la Gallina Turuleca y verás como todo fluye bien.