Por más de acuerdo que unos padres estén en la crianza de los hijos, siempre existirán diferencias a la hora de disciplinar. Es común que uno de los padres esté satisfecho con sostener una charla y ofrecer una segunda oportunidad ante una infracción, mientras que el otro prefiera tomar acción con firmeza e imponer un castigo o pérdida de privilegios. ¿Cómo se resuelven estas diferencias?
Mucho cuidado con siempre ceder. Cuando siempre siguen la ruta disciplinaria que tu pareja determina, el resentimiento y la frustración crece porque tu sistema de valores y tus creencias no son respetados. Si optas por siempre hacer lo que tu pareja quiere para evitar una pelea, llegará el momento que el problema trascenderá a algo mucho más grande que el mal comportamiento del niño.
Acuerden estar en desacuerdo. Ambos son personas distintas, con crianzas diferentes y expectativas diversas de cómo esperan que sus hijos se comporten. Es imposible esperar que con el matrimonio y los hijos sus cerebros y almas se hayan fusionado de tal manera que no puedan cuestionar los métodos de cada uno.
Dividan la responsabilidad. Determinen quién tiene la última palabra en diferentes temas. Por ejemplo, papá determina cuál es la hora adecuada de regresar a la casa para los hijos mayores, mientras que mamá decide los asuntos de dinero. Tal vez mamá tiene más paciencia y mejores destrezas de resolución de conflictos entre los hermanos, mientras que papá maneja las dificultades escolares. Cuando un problema surge, cada quien sabe a quién le toca lidiar y tiene la responsabilidad de apoyar la decisión de la pareja.
Tengan sentido del humor. Las dificultades disciplinarias pueden ser un dolor de cabeza, pero al final, hay que preguntarse si es tan importante tener la razón o ser justos con los chicos y preservar la paz entre los padres. Los niños pasarán por diversas fases durante su crecimiento y lo que parecía una grave ofensa, se convierte en una anécdota simpática.
Conclusión: Los padres deben respetarse y comprender que ambos quieren lo mejor para los hijos, aunque no estén de acuerdo en ocasiones. Los niños siempre se beneficiarán cuando los padres presentan un frente unido y actúan en armonía.
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