Madrastra - MiedosNo es que me considere una nube negra, pero me gusta prevenir mejor que remediar. Bueno, tal vez sí soy como un día nublado con rayos y centellas, pero creo que considerar el "peor escenario" de una situación y una buena dosis de paranoia me han ayudado a manterme lejos de la cárcel, el hospital y la morgue.

Pero cuando de los nenes se trata, se me hace difícil hablarles sobre peligros y cómo prevenir accidentes. Una los ve tan despreocupados y felices que pienso que sería un crimen contagiarles mis ansiedades. Claro está, sí quiero que se mantengan saludables y de una pieza, pero los incidentes que menos me preocupan son los que pueden suceder cuando andan por ahí haciendo travesuras. Me aterra que alguien los haga sus víctimas.
Hace poco buscaba algo en el supermercado y le consulté a una empleada. En el instante que me volteé un señor representante de un suplidor le hizo varias preguntas al grande. No pude escuchar bien, pero algo me inquietó. Más bien me asqueó. Lo miré detenidamente, sin que me avergonzara que lo miraba y la conversación terminó.

Le pedí al nene que me contara qué le dijo ese señor tratando de sonar casual. "Me preguntó mi edad. Le dije 10 y me dijo que tenía un hijo de 13, pero que yo era más grande. También me preguntó si practicaba deportes". Hasta el sol de hoy estoy convencida que ese señor es un pervertido. Lo sé, puedo estar exagerando. Casi imposible que me lo raptara frente a mis ojos. Sí, puedo adjudicarlo a mi sentido de persecusión, pero cuando vi a ese hombre llamándolo aparte, sentí que una alarma se disparó dentro de mí.

Estos niños son ultra sociales. Ellos hablan con todos, saludan a todos. No le dije nada porque, al final, no pasó nada. El padre les habla de los depredadores sexuales, qué actitudes se pasan de la raya y cómo mantenerse lejos de peligros, etc. Pero, ¿y yo qué? Mientras el padre es autoridad, yo soy una histérica.

Ya están demasiado grandes para entrar conmigo al baño público, entonces cuando tienen que ir, siempre se van con la advertencia: "entra, haz lo tuyo y sal sin hablar con nadie" que les hace voltear los ojos, por disco rayado. Muchas veces la que ha parecido pervertida soy yo, por casi asomarme en el baño de caballeros y levantar la oreja por si escucho algo extraño.

¿Exagero? Posiblemente. Pero la maldad existe y prefiero que me llamen exagerada.

Ahora el grande tiene su tercer (3) teléfono móvil que la madre le compró. Me aterra que se vea involucrado en "sexting" o reciba mensajes obscenos. Les pedimos que utilicen su computadora portátil en la sala cuando estamos presentes. Si siento que se están pasando de vivos y están en su habitación, desconecto el servicio wireless y pongo cara de tonta cuando me dicen que no hay señal. El acoso cibernético es cosa seria y las imágenes porno que podrían acabar con su niñez, fácilmente accesibles.

Sé que no puedo protegerlos todo el tiempo y que estar informados les evitará problemas. Pero, ¿cómo les advierto sin robarles su inocencia? Quiero que estén pendientes a sus alrededores, sin convertirse en paranoicos. Que tengan malicia, pero no sean cínicos. Que hagan amistades, sin ser desconfiados. Que jueguen con intensidad y responsablemente, sin pensar en golpes o accidentes.

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