Entrar a las 8:30 am en lugar de las 8 am resultó muy significativo en una escuela privada de Rhode Island, se notó que los alumnos tenían mejor estado de ánimo, estaban más alertas, menos deprimidos y eran más propensos a asistir a clase que antes del cambio de hora.

Este cambio fue parte de un estudio que "al final del período experimental, no hubo un solo miembro del cuerpo docente, estudiante o administrador que deseara volver a la antigua hora de inicio", dijo la doctora Judith Owens, autora principal del artículo que aparece en la edición de julio de 'Archives of Pediatrics & Adolescent Medicine'.

El estudio refuerza la evidencia de que los adolescentes tienen necesidades especiales de sueño.

Otro sueño en adolescentes

"Los especialistas en medicina del sueño saben desde hace tiempo que retrasar la hora de inicio de clases en la escuela secundaria ayuda a los adolescentes a dormir mejor", apuntó la Dra. Heidi V. Connolly, jefa de la división de la medicina del sueño infantil en el Centro Médico de la Universidad de Rochester en Nueva York. "Los adolescentes están biológicamente programados para acostarse una hora más tarde y levantarse también más tarde, por lo que no es de extrañar que luchen cuando la hora de inicio de clases es muy temprano".

Los ritmos circadianos de los adolescentes cambian durante la pubertad. "Lo que se reduce a que los adolescentes no son capaces de conciliar el sueño tan pronto como lo hacían cuando estaban en la escuela intermedia o la primaria", explicó Owens. "Se produce un cambio de dos horas en los ciclos de sueño-vigilia".

Sobre el estudio

Cerca de 200 estudiantes de noveno a duodécimo grado rellenaron cuestionarios sobre sus hábitos de sueño antes y después del cambio de hora. Los investigadores también midieron la tardanza y las visitas al centro de salud escolar.

Después del cambio de hora, los estudiantes se fueron a la cama 18 minutos más tarde y durmieron una media de 45 minutos más.

La proporción de estudiantes que dormían al menos ocho horas de sueño aumentó de 16.4 por ciento a 54.7 por ciento, mientras que la proporción de estudiantes que dormían menos de siete horas se redujo casi en 80 por ciento.

También mejoraron otros parámetros.

"Prácticamente, todo lo que estudiamos, desde la cantidad de sueño dormida hasta la somnolencia reportada por los estudiantes durante el día, el estado de ánimo y los síntomas de depresión, el interés y la motivación para participar en actividades académicas y deportivas, avanzó de manera significativa hacia una dirección positiva", declaró Owens.

Fuente: HealthDay News/HolaDoctor