
Aún no dejo de sorprenderme cada vez que uno de los nenes me agarra de la mano para cruzar la calle, cuando buscan mi apoyo o se refugian en mí cuando se ven en contratiempos... lo que me resulta risible ya que no creo que pasen seis meses para que el mayor me rebase en estatura, sí, soy la mini-madrastra. En momentos como esos comprendo que mis dudas de sobre cómo ellos me ven sólo existen en mi mente. Creo que me he creído el cuento de la madrastra malvada y sostengo una lucha sin ton ni son. Me he adjudicado estatus de segunda porque pienso que mi rol es estar tras bambalinas, pero la realidad es que esos chicos me quieren y yo los quiero más. A veces resulta más fácil quejarme, hablar de la disciplina, los retos que he encontrado, mis preocupaciones sin fundamento, pero lo cierto es esos nenes me suman y nada me restan.
Gestos que tienen conmigo que seguro no piensan dos veces, me hacen contener lágrimas. Los abrazos de oso que cada vez se tornan más fuertes acompañados de un efusivo "¡Zoila!" cuando han pasado días sin vernos. Cuando se refieren a mí como su "mom" o como "casi mi mamá", el pecho me quiere reventar. Cuando se me acercan en busca de cariñitos y apapachos, me doy cuenta que me necesitan. Las veces que nos volvemos compinches en travesuras, prueban que nos divertimos. Cuando protestan porque estoy ausente - ya sea por trabajo o porque he querido tomarme una tarde "libre" del madrastreo - experimento una sorpresa y satisfacción que debe ser algo malévola.
Soy tan parte de sus vidas, como ellos son de la mía. Cierto, en ocasiones no recibo el "I love you too" cuando les digo "te quiero", pero las veces que lo expresan espontáneamente me conmueven como pocas cosas logran hacerlo. Estos nenes me han mostrado un lado de mí que desconocía. El enamorarme del padre y toparme con ellos puso fin al cinismo, a la negatividad, a mi soledad. Este esfuerzo conjunto en criarlos me ha demostrado que existen dulces sacrificios.
Sin duda me han hecho mejor persona. Siento que soy más paciente, compasiva, con más deseos de trabajar, con mayores agallas. He comprobado que, contrario a lo que pensaba, tengo instinto maternal. Por esto y otras lecciones de vida que me han enseñado siempre les estaré agradecida.
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MER 07/13/10 @ 8:42PM
Lo mejor de todo es que les das mucho amor, calidad de tiempo, confianza, disciplina y todo lo que necesitan. Te reciprocan por ser buenos niños. Qué bueno que han despertado sentimientos bonitos que pensabas que no tenías. Continua cultivando la relación y cosecharas cosas bellas.