La leche materna es el mejor alimento que una madre puede proporcionar a un recién nacido, no sólo por su composición sino también por el vínculo afectivo que representa. Contiene todos los nutrientes que el bebé necesita durante los primeros seis meses de vida y protege al niño ante enfermedades como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis, infecciones de orina, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte súbita del lactante.

Por otro lado, la leche de fórmula intenta reproducir la calidad nutrimental de la leche materna; sin embargo, no contiene ni las sustancias inmunológicas, ni las hormonas que promueven el adecuado crecimiento del niño.

Los bebés alimentados con leche materna crecen mejor y se enferman menos. De igual forma, la leche que se extrae y se guarda para dársela posteriormente al niño no pierde las propiedades y mantiene las características de protección y promoción del crecimiento.

Aportes de la leche materna


La leche materna está compuesta por proteínas, azúcares, grasas, minerales, vitaminas, hormonas que promueven la maduración del aparato digestivo, entre otras funciones, enzimas y sustancias inmunológicas, con lo cual se tiene la concentración ideal de nutrientes y otras sustancias para el óptimo crecimiento del bebé. La concentración celular es mayor en el calostro y, de acuerdo con la Dra. Teresita González de Cossío Martínez1, Investigadora del Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINYS) del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), "es una leche altamente nutritiva, rica en proteínas y sustancias inmunológicas que protege a los recién nacidos contra enfermedades".

La OMS recomienda la alimentación exclusiva al pecho durante los primeros 6 meses, edad cuando debe iniciar la alimentación complementaria y continuarse con el amamantamiento hasta los dos años o más, si ambos lo desean.

Sin duda el amamantamiento es el método óptimo de alimentación infantil durante el primer año de vida y el inicio de la ablactación (introducción paulatina de alimentos semi-sólidos a la dieta de un niño) no es necesario antes del quinto o sexto mes.

Beneficios para mamá

El llevar una lactancia materna se asocia con una pérdida de peso para la madre, siempre y cuando ella amamante a su hijo a libre demanda y por lactancia exclusiva hasta los seis meses. Según la OMS, las mujeres que amamantan pierden más peso en periodo posparto y tienen menor riesgo de padecer cáncer de mama o cáncer de ovario en el futuro.

Además, el inicio de la lactancia materna inmediatamente después del parto estimula la liberación de la oxitocina, una hormona que ayuda a contraer el útero, desprende la placenta y reduce el sangrado de posparto. La lactancia materna retrasa el regreso de la fertilidad, reduciendo de este modo la exposición a los riesgos de la salud materna asociados a cortos intervalos entre embarazos.