Errores que cometemos con los preescolaresCuando los infantes van adquiriendo independencia, tus dolores de cabeza aumentan. Por un lado, ya hacen cosas por su cuenta, pero por la misma razón no les puedes despegar un ojo de encima. Las edades entre 3 y 5 años, pueden ser un verdadero reto, así que trata de evitar estos errores:

No adherirse a una rutina

La consistencia es clave para los pre-escolares. Cuando no estableces y sigues una rutina, pueden sentirse confundidos, lo que puede provocar mal comportamiento y hacer berrinches cuando en ocasiones pueden hacer unas cosas y en otras son regañados.

El nene puede preguntarse, ¿por qué ayer comí helado a mis anchas y hoy no puedo probar ni una cucharada? Anoche pude ver tele antes de dormir y hoy mami no me deja, ¿por qué no?

Es importante ser consistente en todos los aspectos desde la disciplina, hábitos al dormir y comidas. Las excepciones son válidas y es importante permitirles ciertos gustos, pero también lo es crear una rutina que se pueda seguir al menos un 90% del tiempo.

Te enfocas en lo negativo

Es fácil resaltar las actitudes negativas de los niños - como patalear y gritar - e ignorar las positivas. Los padres suelen repetir lo que no desean que sus hijos hagan: "No grites", "No pelees con los otros niños" o "No se dice caca", pero la mejor manera de motivarlos es reforzar las cosas positivas que hacen.

Recompensa el buen comportamiento de tu hijo. Dile unas palabras de elogio, dale un beso o un abrazote, él lo apreciará y querrá más. Le puedes decir: "Me gustó como compartiste tus juguetes con los otros niños", "estoy segura que tu maestra está impresionada porque siempre dices 'gracias' y 'por favor" o "te comportaste muy bien durante la cena".

Ignorar señales de alerta

Poco te va a servir que le implores a tu hija que se calme en medio de una rabieta. Trata mejor de prevenir que remediar. Conoces a tu hijo, sabes qué le puede provocar un berrinche, las causas más comunes son hambre, cansancio y aburrimiento. Si tu hija no ha tomado su siesta, mejor atrasa el viaje al supermercado y procura siempre tener una merienda saludable en tu bolso.

Fomenta la manipulación

Los ruegos y lloriqueos pueden enloquecer a cualquiera y a veces prefieres ceder que aguantar un grito más. Digamos que estás lista para preparar la cena y tu hijo empieza a insistir que quiere ir al parque en decibeles que no piensas sean humanos. Para callarlo, suspendes lo que estás haciendo y lo llevas al parque. Los niños saben cómo salirse con la suya y tus puntos débiles.

Siempre y cuando tu hijo no muestre conductas agresivas, ignora sus gemidos y lloriqueos. Si te haces la fuerte, tu hijo comprenderá que esa táctica no funciona contigo.

Menospreciar la importancia del juego

Muchos padres quieren que sus hijos sean los primeros de su clase cuando vayan a la escuela y los apuntan en programas educativos y culturales. Pero esto puede ser contraproducente. En estas edades los niños necesitan jugar sin muchas estructuras, lo que ayuda a desarrollar el cerebro.

Los niños consideran "juego libre" lo que ellos eligen hacer cuando eligen hacerlo. A veces se entretienen dando vueltas por la casa con una escoba, es lo que han preferido y lo hacen por diversión.

Reacción exagerada con las mentiras

Algunos psicólogos piensan que el mentir es una muestra de desarrollo cognitivo. Por supuesto es preocupante, pero muchos padres se imaginan a sus hijos en la cárcel con la primera mentirita que sueltan. El mentir es parte del desarrollo de los niños. Si tu hijo se rehúsa a admitir su participación en un reguero en la casa, le dices: "Sé que te sientes mal por lo que hiciste y lo entiendo". No te alarmes con sus mentiras y demuéstrale que no engaña a nadie, pronto se dará cuenta que mentir no lo llevará a ninguna parte.