
Ya he mencionado en otras ocasiones que lo más difícil en esta experiencia de ser madrastra ha sido la lucha que me ha montado Turuleca, con las mentiras y los dimes y diretes sobre mí y cuando logra estresarme a través de hacerle la vida de cuadritos a mi esposo. Intento no dedicarle mucho espacio aquí porque este blog es sobre mi experiencia como madrastra y, aunque ella la ha hecho más complicada, dramática e impredecible, siento que no merece un papel prominente aquí. No puedo negar que su impacto en nuestra familia llegó a afectarme la psiquis. Por mucho tiempo la vi como una nube negra que amenazaba nuestra estabilidad familiar. Cada llamada en la que soltaba a gritos sapos y culebras a mi esposo, cada cambio súbito de planes que nos ponía a nosotros a correr y cada mensaje de texto con amenazas huecas, llegaron a causarme irritación estomacal y un casito de ansiedad que he logrado manejar sin medicamentos.
En la actualidad no puedo decir que me río de sus diatribas, su influencia en los niños puede ser muy poderosa, pero he llegado a ciertas conclusiones que, aunque puedan parecer muy favorecedoras para mí, me han devuelto un poco la paz y la salud a mi sistema gastrointestinal.
Cualquier proposición que mi esposo haga en relación a la educación o el futuro de los niños, es recibida con un rotundo no. Si él dice negro, entonces es blanco. Concluí que su egocentrismo le impide ver más allá de su agenda. Para ella, mi esposo es un padre involucrado sólo para fastidiarla a ella.
Uy, estoy entrando en territorio de cliché: Mamá vs. Madrastra. Ustedes no conocen el lado de ella... y la verdad que yo tampoco. Pero yo conozco a mi esposo y a los intentos de Turu de intimidarnos con regresar a la corte o dar ultimátums como si ella tuviera algún poder secreto, él responde con clase o no responde para nada.
Por mucho tiempo me angustié preguntándome por qué se empeñaba tanto en hacernos daño, intervenir en nuestra vida familiar y dificultarle a mi esposo su rol de padre. Le di mil vueltas en mi cabeza. Ella fue quien decidió romper el matrimonio y andaba emparejada muy pronto. ¡Hasta se casó antes!
Y un día se me prendió el bombillo: Turu está obsesionada con mi esposo. No creo que sea por enamoramiento, pero quién sabe. Es como el perro del hortelano, no come ni deja comer y no conforme con mandar en su casa, quiere mandar en la mís. Pareciera que su única motivación en la vida es hacerle la vida miserable. Qué alimenta esta ofuscación, seguirá siendo un misterio para mí. Pero me pregunto cómo su marido la aguanta. Porque si mi esposito pasara todo el día pensando cómo hacerle la vida imposible a su ex, yo no estaría muy feliz y pensaría que tiene problemas psicológicos.
Me gustaría tanto que reinara la civilidad entre nosotros, por el bien de los chicos. ¿Alguna sugerencia de cómo lograrlo?









1
Dania Martir 08/12/10 @ 8:59PM
....de esas se conocen muchas....suerte!