Esta noticia me dio escalofríos. Un bebé de tan sólo seis semanas de edad murió luego de la ejecución de su bautizo, en Moldavia, Europa. El trágico suceso ocurrió porque el padre que realizaba el sacramento "no cubrió la boca del pequeño antes de sumergirle" en la pila bautismal, según publicó el diario Daily Telegraph.

Dumitru Gaidau, padre del difunto bebé, relató los hechos a una televisora. "No podíamos creer que (el cura) sólo hubiera puesto sus manos sobre la cabeza y el estómago del bebé y lo sumergiera tres veces en el agua".

De acuerdo con la autopsia del bebé, se halló agua en sus pulmones y otras lesiones en su cuerpo, debido al movimiento brusco al que fue sometido.

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La tragedia de esta familia es sin duda dolorosa y espeluznante, pero al menos enciende la alarma para evitar que incidentes tan terribles se repitan en el futuro.

Quizá este caso es completamente extraordinario, pero me parece sirve como advertencia para poner más atención en la realización de rituales similares. Por un lado está el riesgo del ahogamiento, pero también existen evidencias de las terribles consecuencias que puede traer el 'síndrome del bebé sacudido', por lo que ningún pequeño debe manipularse tan bruscamente.

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