
Nunca dejo de sorprenderme cómo estos niños y el rol de madrastra me han cambiado. Entrada mi tercera década comprendí que ser madre no era para mí. No concebía la idea del embarazo, mucho menos un parto y la idea de que mi vida se transformaría para siempre. Muchos me decían que cuando me enamorara eso cambiaría. Que mi instinto maternal se despertaría y que no aguantaría las ansias de convertirme en mamá.No importaron sus travesuras ni mi ignorancia con todo lo relacionado a niños, pudimos entendernos y ahora tenemos una gran relación. Sé que muchas madrastras enfrentan la oposición y el desprecio de los hijos de sus esposos. En mi caso ayudó que fueran pequeñitos, cuando están abiertos a aceptar cambios y nuevas personas, sus corazones son puros y no tienen malicia.
Por supuesto, hubo sus retos. Como las veces que el grande me miraba torcido por las ideas que le alimentaba su mamá y las ocasiones que el pequeño se refería a mí como "esa mujer". Pero ellos no pudieron negar su naturaleza de ser buenos niños y esas actitudes duraban unos 15 minutos cada vez que nos veíamos.
Yo tampoco pude trazar líneas imaginarias que marcaran una división. El deseo de tener un bebé aún sigue dormido en mí y no creo que despierte. Siempre tengo mucho cuidado en decir lo siguiente, pero yo los considero míos y no creo ser menos madre que la que haya parido.
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Nina 08/5/10 @ 11:39AM
Me encanta cómo transmites tu amor por tus niños, Zoila. Se contagia, dan ganas de poder vivir lo que tú. Y tienes mucha razón en aquello último que dices: "los considero míos y no creo ser menos madre que la que haya parido". Seguramente ellos te quieren igual.