Madrastra - ComparacionesDos casas distintas, dos juegos de reglas distintas. Ya en varias ocasiones he mencionado que mientras en casa de la madre los niños gozan de, digamos, mayor flexibilidad en cuanto a compras, televisión, video juegos y escuela, acá somos los amargados que tratamos de imponer responsabilidad, límites y educación.

El vivir en dos casas es un proceso de ajustes para todos los involucrados. Por nuestra condición de "aguafiestas" muchas veces fuimos el blanco de comentarios solapados o muy directos a las "mejores condiciones de vida" que disfrutan en casa de Turuleca. Aún siendo un adulto responsable y comprendiendo lo que es realmente importante para su bienestar y desarrollo, es difícil no dejarse tentar por ser el set de padres cool. Ser el padre – o la madrastra – in, los que proveen cualquier antojo y te consienten dejándote ver comiquitas hasta tarde en la noche y despertarte cuando te plazca al día siguiente. Es más, que te compran tu propia tele para que la tengas en el cuarto y cada semana te regalan un nuevo juego de Wii.

Durante las navidades y cumpleaños nos daban el listado de juguetes que recibían en el otro lado que, por supuesto, eran mejores y más bonitos. Mientras nos detallaban todos los cachivaches recibidos, obviaban el detalle que casi todas esas ocasiones las celebrábamos en algún otro lugar y que también recibían un buen monto de regalos. Pero no podía evitar sentir celos que como padres éramos menos consentidores, menos nice.

Un día después de escuchar por enésima vez lo mucho mejor que les iba en el otro lado, les dije: "Me alegro por ustedes. Pero la verdad, no me importa. Esto no es una competencia. Tu papá y yo tenemos nuestras propias reglas". Y al decirlo en voz alta, ser secundada por mi esposo y notar en sus caritas que la estrategia de compararnos había llegado a su fin, me hizo comprender que no se trata de ser el favorito o el mejor, sino de hacer lo correcto.

En muchas áreas de la vida, hacer lo correcto es más duro y no necesariamente te hace popular, ser madrastra no es la excepción.

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