
"¿Cuándo vamos donde mami?""¿Qué día me recoge mami a la escuela?"
"¿Podemos quedarnos con mami hoy?"
Estas eran las preguntas que con mayor frecuencia los nenes le hacían al papá cuando el proceso de establecer una rutina entre las dos casas comenzaba. Tengo que admitir que me endiablaba cada vez que ellos expresaban sin pena alguna que preferían estar con la madre. Durante estos años me he dado cuenta que los sentimientos de papi no tienen el mismo valor.
Los nenes aman a su papá. No me cabe duda que piensan que es lo máximo, que están aprendiendo mucho de él y se divierten de lo lindo cuando están juntos. Pero a la hora de expresar preferencia, no se cohíben. Apuesto cualquier cosa que ellos jamás se atreverían a decirle a Turu que quieren irse con el padre. Eso sería una traición, eso lastimaría los sentimientos de mami.
En parte creo que es su manipulación (muchas veces cuando llamaban para quedarse un día extra mi esposo notaba que tenían un guión provisto), pero también la realidad es que los niños pequeños quieren estar con su mamá. Cuando pienso si a los seis años me hubieran preguntado con quién quería quedarme, mi respuesta hubiera sido: ¡Mami!
Muchas veces mi esposo cedió a los pedidos de estar con mami ignorando esas expresiones, aunque sé que le dolía. Yo sé como los extraña cuando no están. Pero llegó el momento que tuvo que hacerse el fuerte y enforzar los días que le corresponden, sino nunca hubiéramos podido implementar una rutina.
En la actualidad el grande está muy acostumbrado y siento que genuinamente disfruta el tiempo con su papá... y su madrastra. Cada vez que el pequeño regresa de un periodo largo con su mamá, como las vacaciones de verano, vuelve con las preguntas y a repetir una y otra vez lo mucho que la echa de menos.
Cuando expresan los deseos de regresar a casa de su mamá, es cuando tengo que ponerme en sus zapatos y recordar que posiblemente yo hubiera hecho lo mismo.
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