
Heather Beth Johnson sabía que quería adoptar antes de querer empezar una familia biológica con su esposo. No le importaba de dónde viniera el niño o niña, sólo quería poder darle techo y calor humano. Quería que formara parte de su familia.
"La verdad es que no nos importaba de dónde viniera el niño. Estábamos abiertos a cualquier raza, y teníamos experiencia previa como familia adoptiva de una niñita negra. También soy socióloga de profesión -Johnson es profesora auxiliar en la Lehigh University en Pennsylvania-, así que tenía conocimiento intelectual acerca del tema. Conocía mucho de familias interraciales y adopción interracial, así que estábamos preparados para cualquier tipo de adopción", nos contó.
Heather y su esposo contactaron agencias de adopción en Estados Unidos y les comunicaron que querían cualquier niño que necesitara un hogar. Las agencias les hicieron una serie de preguntas, entre las que se encontraban: ¿Qué sexo? y ¿Qué raza? A todas contestaban: "No importa".
"Era inevitable que siempre nos preguntaran: ¿Estás dispuesta a adoptar a un niño negro? Y contestábamos que sí. Era incómodo, pero cada vez que nos llamaban nos preguntaban lo mismo".
Fue entonces cuando les dijeron que si realmente querían adoptar sólo por ayudar a un niño necesitado, entonces debían pensar en Haití.








