Desde el momento en el que nos casamos ansiamos convertirnos en madres. Y es que estamos hechas para eso, para concebir, alumbrar y criar. Velar por esa personita que es en la mayoría de los casos nuestra razón de vivir.Antes me consideraba muy arriesgada, me aventuraba a casi culquier cosa. Ahora mi esposo me llama cobarde, a lo que siempre le contesto lo mismo: No es cobardía, simplemente me cuido de no morir todavía para poder cuidar de mis hijos.
Cada noche y cada mañana le doy gracias a Dios por darme un día más para estar ahí cuidándolos, protegiéndolos y también intentando llevarlos por el buen camino. A veces me causa un poco de ansiedad pensar que algo pudiera sucederme y que nadie va a cuidarlos o amarlos tanto como yo. En el caso de la muerte no tengo certeza que desde la otra vida se pueda tener esta preocupación, pero y, ¿si esto sucede estando aún viva? ¿Y si tengo que ceder la custodia de mis hijos?









