Por Kalyani Gopal, Psicóloga Clínica
Una de cada cinco niñas en Estados Unidos es abusada sexualmente cada año. Algunas no revelan lo que vivieron hasta que son mucho más grandes. Estas niñas llegan a hogares sustitutos si sus padres no las protegen de la situación. Los agresores más comunes son los novios, padrastros y familiares, siendo el 80 por ciento de los agresores parte de la misma familia en la que nacieron las niñas.
Estudios han demostrado que entre las secuelas del abuso sexual hay un 50 por ciento de niñas que se convierten en delincuentes juveniles, que huyen de casa, que son más agresivas, que se involucran en actividades promiscuas cuando hay factores de pobreza relacionados, que se involucran en actividades relacionadas con las drogas, que se auto-mutilan, que tienen arranques de ira incontrolables, que necesitan estar siempre en situaciones controladas, y que se vuelven abusivas sobre sus novios, o que se involucran en relaciones abusivas.
Las niñas y adolescentes que han sido abusadas sexualmente también desarrollan desórdenes alimenticios, y tienen culpa, vergüenza, ansiedad y depresión, y poca autoestima.
Así que, ¿qué podemos hacer para que nuestras niñas se sobrepongan y se conviertan en adolescentes resistentes?