
Por Rogelio López Nava
La idea de la muerte nos inquieta a todos. Sin importar edad ni condición de salud, el hecho de abordar el tema nos pone a pensar acerca de qué es lo que pasa después, si dolerá o no; y también nos preocupa el hecho de saber que quienes nos aman pueden quedar expuestos a sufrir profundamente nuestra ausencia.
"La muerte es lo único seguro que tenemos en la vida", dice un dicho, pero no por ello es fácil aceptarlo, mucho menos para un niño, cuando teóricamente debería encontrarse en plenitud de disfrutarla, de aprender y regocijarse en un mundo de aventuras y descubrimientos cotidianos. Lamentablemente, no para todos es así, también hay pequeños que debido a una enfermedad, como puede ser el cáncer infantil, quedan expuestos a tener que pensar en su propia muerte y en la de los chicos que los rodean.
Los padres, familiares e incluso los médicos que rodean al pequeño, pueden encontrarse con una serie de preguntas al respecto, que los lastiman y por ende, resultan difíciles de contestar. Sin embargo, el hecho de recibir respuestas reales, justas y sobre todo basadas en la verdad, les genera a los niños tranquilidad, aceptación y seguridad para enfrentar su padecimiento sin temores.




Protección solar vs. el cáncer de piel









