
Las madres ahora tenemos acceso a demasiada información sobre qué hacer o no con nuestros hijos. Eso mismo genera ansiedad y hasta angustia además del miedo a equivocarse, pues va de por medio la educación y desarrollo de quien más queremos.
El caso de la comida es el que con seguridad preocupa más a las mamás, lo sé por experiencia.
Durante meses, si no es que un año, he sufrido por la cantidad y calidad de la comida que ingiere mi hijo. No les contaré toda la historia, pero había intentado de todo y ya en las últimas ocasiones había llegado a los gritos; estaba perdiendo el control, dañando mi relación con él y afectando a la familia completa. Pero lo que realmente me hizo frenarme fue la cara de terror de Bruno cuando me vio desquiciada. Me prometí no volver a perder el control de esa manera y ser inteligente de manera que lograra hacerlo comer.











