Los niños no saben mentir, es de las cosas más lindas que tienen y por ello es la edad de la inocencia. Por esa razón y porque no siempre saben qué les pasa es recomendable saber qué piensan y sobre todo qué sienten.
Cada día de un niño es como una montaña de información. Tienen que procesar conocimientos, acciones y circunstancias que les producen muchas dudas y preguntas que no siempre sabemos responder.
A veces, los adultos estamos tan ocupados en nuestras propias necesidades que ni siquiera notamos cómo les afectan las cosas a nuestros hijos.
Por Esmas.com







