
"¿Cuál es tu hijo?", me preguntó un señor mientras esperaba por el final de la lección de tenis.
"El hijo de mi esposo es el de azul".
"¿Eres la madrastra?".
"Sí", dije con una sonrisa.
"No puede ser fácil, ¿verdad? Yo tuve una madrastra y padrastro. Mi padrastro murió hace nueve años y eran un gran tipo. Mi madrastra vive todavía, pero no la soporto".
Gracias, señor desconocido por hacer esa observación frente al nene mayor justo cuando lo regañé porque olvidó un libro que necesitaba para estudiar, muchas gracias.
La verdad que no pude decir mucho más. No pude evitar pensar que los nenes de mi esposo deben pensar igual. Al menos por ratos. Por lo que puedo notar, el padrastro es tremendo tipo, un alcahuete con el que juegan video juegos, miran videos online y les permite quedarse despiertos hasta tarde, entre otras cosas. Mientras que la madrastra de ellos es una insoportable que les prohíbe encender la TV hasta que las tareas estén completadas, incluye algo verde en cada comida y les ordena a recoger el cuarto.