Aunque puedas y tengas, evita darles todo a tus hijos. Una infancia llena de regalos puede derivar en una persona vacía y sin muchas aspiraciones. Un niño que recibe todo lo que quiere puede convertirse en un adulto frustrado.

Muchos padres, por amor, por gusto, porque el amiguito lo tiene, porque de niños ellos no lo tuvieron, porque quieren darle alegría a su hijo, porque deje de llorar o porque así suplirán una ausencia de cariño, terminan por comprarles a sus hijos todo lo que piden.