
Aún no dejo de sorprenderme cada vez que uno de los nenes me agarra de la mano para cruzar la calle, cuando buscan mi apoyo o se refugian en mí cuando se ven en contratiempos... lo que me resulta risible ya que no creo que pasen seis meses para que el mayor me rebase en estatura, sí, soy la mini-madrastra. En momentos como esos comprendo que mis dudas de sobre cómo ellos me ven sólo existen en mi mente. Creo que me he creído el cuento de la madrastra malvada y sostengo una lucha sin ton ni son. Me he adjudicado estatus de segunda porque pienso que mi rol es estar tras bambalinas, pero la realidad es que esos chicos me quieren y yo los quiero más. A veces resulta más fácil quejarme, hablar de la disciplina, los retos que he encontrado, mis preocupaciones sin fundamento, pero lo cierto es esos nenes me suman y nada me restan.








