
Hace nueve años tome la decisión de convivir con mi novio. Era el comienzo de una nueva vida para mí, vida que en algún momento se volvió una tortura. Desde el comienzo de la relación él me confesó que tenía una hija. Yo era joven, soltera, profesional, sin hijos y llena de muchas ilusiones. Siempre estuve dispuesta a tratar a su hija y como tenía muchos primitos pequeños en ese entonces, además de una sobrina, me consideraba una "experta" con los niños.
Las veces que había compartido con la niña me había percatado que era un poco engreída y siempre tenía un tantrum por algo. Una vez nos mudamos juntos los fines de semana que la niña venía de visita se volvieron literalmente una tortura. Desde su llegada monopolizaba la TV, durante ese fin de semana estaba destinada a ver muñequitos casi 24 horas. Las cosas eran como ella decía, cuando ella decía y me tuve que acostumbrar a frases como "cállate", "tú no eres mi mamá", "esto es mío", "esta es la casa de MI papá"... En fin, tengo tantas anécdotas que podría escribir todo un libro.









