Al recibir la noticia de que sería madre por primera vez una de las principales cosas que me hizo ilusión fue tener un parto natural y sentir verdaderamente cómo era darle vida a otro ser.

Todo iba bien en los primeros meses de mi embarazo, sin embargo, ya casi al final, el médico me informó que la bebé no había logrado acomodarse en la posición correcta para nacer (cabeza abajo, con la parte posterior de la cabeza levemente inclinada hacia el vientre de la madre), por lo que tendría que recurrir a la cesárea.

Aunque me lo habían dicho claramente, dentro de mí creía que un milagro podía ser posible y finalmente mi hija lograría acomodarse y nacería por parto natural. Sin embargo, el día de la cuenta final llegó y se confirmó el diagnostico de mi médico: tendrían que practicarme una cesárea. ¡Cuéntanos tu experiencia! ¿Prefieres el parto natural o la cesárea?