Qué difícil es cuando los hijos no comen bien; nos sentimos frustradas, decepcionadas, y un poco hartas. Pensamos que nadie más nos apoya y que al resto de la familia no le preocupa lo suficiente o tanto como a nosotras.La hora de la comida se convierte en tensión absoluta incluso antes de comenzar, pues ya estamos previendo que nuestro hijo no aceptará lo que le demos de comer y terminamos por darle lo único que come, así sean galletas o alguna fritura.









