
"¡Pero mami, haz un cheque!", le reclamaba de pequeña a mi mamá cuando me decía que no tenía dinero para comprarme el juguete de mi más reciente antojo. Mientras que aún le recuerdo a mis padres que nunca me compraron mi anhelada casita de Barbie, puedo decir que tuve cuanta cosa quise. Por supuesto, en mi casa mi hermano y yo nos regíamos por la ley del mérito. Buenas calificaciones y buen comportamiento eran recompensados con privilegios y algunas cosas materiales.
Mi esposo y yo hemos implantado un sistema igual tenemos en nuestro hogar. Al menos tratamos. Queremos enseñarle a los niños que el dinero no crece en los árboles. Que ellos no tienen el derecho de acumular montañas de juguetes. Que nosotros les proveemos todo, pero los gustos - entiéndase juguetes - se los tienen que ganar. Por algún motivo nunca pueden hacer la conexión entre un "No" en la tienda con las malas calificaciones o que se han portado como cochinitos en la casa. Para ellos es más fácil pensar que somos tacaños o malvados.








